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Una carrera contra el tiempo: buscan desesperadamente a Lucas Gámez, el nene argentino atrapado en Venezuela
La catástrofe humanitaria desatada por el doble terremoto en Venezuela mantiene en vilo a la Argentina. Entre las miles de historias de dolor y búsqueda que emergen de las ruinas, la de Lucas Gámez, un nene argentino de 8 años desaparecido en la ciudad costera de La Guaira, se ha transformado en el símbolo de la resistencia y la esperanza de los equipos de rescate.
Lucas, quien se había mudado con su familia al país caribeño en enero de este año, permanece atrapado desde el pasado miércoles 24 de junio tras el colapso absoluto del complejo residencial donde se encontraba.
La reconstrucción de los minutos fatídicos
El día del desastre, que coincidía con una jornada festiva en Venezuela, Lucas había viajado a La Guaira para pasar la tarde junto a sus tíos. Tras disfrutar de la playa y comprar un helado, el nene regresó junto a uno de sus familiares al departamento familiar, ubicado en el tercer piso de un edificio de 12 plantas en la zona de Playa Grande.
Un testigo clave permitió a los rescatistas delimitar el área de búsqueda:
- El último trayecto: Lucas y su tío tomaron el ascensor del edificio junto a un vecino que se dirigía al séptimo piso.
- El colapso: El menor se bajó en el tercer piso. Segundos después, cuando el vecino acababa de ingresar a su vivienda en la planta alta, las ondas del terremoto de magnitud 7,5 impactaron de lleno, haciendo que la estructura se desplomara como un castillo de naipes.
- La incógnita: La principal hipótesis de la familia es que Lucas no llegó a entrar al departamento y podría haber quedado atrapado en el área de las escaleras o el pasillo de distribución.
De la cruel desilusión al hallazgo de tecnología
Las últimas horas han sido una montaña rusa de emociones para el padre del nene, Marcos Gámez, quien se encuentra en el lugar de la tragedia coordinando esfuerzos con las autoridades. Durante la jornada del domingo, la familia vivió un momento de profunda angustia tras una falsa alarma.
«Nos subieron a la ambulancia y nos dijeron que el chico ya venía, pero después de esperar una hora, los rescatistas suizos nos informaron que se trataba de una persona adulta. Fue una desilusión muy grande, muy decepcionante, pero no hay tiempo para lamentarse. Hay que levantarse y seguir», relató Marcos entre lágrimas.
Sin embargo, los rastreos tecnológicos devolvieron la fe al campamento de rescate: las brigadas lograron geolocalizar el teléfono celular de Lucas apuntando exactamente hacia el mismo cuadrante donde se concentran los perros de búsqueda.
Señales de vida bajo diez metros de escombros
En un giro dramático, los especialistas equipados con sensores térmicos de alta tecnología confirmaron el hallazgo de un rastro de calor corporal a diez metros de profundidad, cuyas dimensiones morfológicas se corresponden con las de un niño.
El optimismo de las cuadrillas internacionales (que ahora aguardan el ingreso de grúas y maquinaria pesada para remover placas de concreto sin generar nuevos desmoronamientos) se alimentó además por un tierno milagro ocurrido en la misma estructura: los rescatistas lograron sacar vivo y sano a un gatito que habitaba el edificio, demostrando que existen burbujas de aire viables entre los escombros.
«Estamos esperanzados. Una de las cosas que nos da fuerzas es que Lucas es un chico muy delgado, lo que le permite caber en espacios extremadamente reducidos. No vamos a dejar de rezar y nos vamos a quedar acá hasta el final», concluyó el padre, sosteniendo una campaña en redes sociales que ya moviliza a la comunidad internacional en una carrera frenética donde cada segundo cuenta.